La técnica ejecutada en esta clínica de Casablanca no se limita a la destrucción del tejido; es una coreografía entre la física de los gases y la medicina nuclear. Mientras el radiólogo intervencionista dirige el gas argón para generar una temperatura de -40 grados centígrados en la punta de la sonda, el Dr. Chimi Younes, especialista en medicina nuclear, vigila la respuesta metabólica del tumor. Es un diálogo instantáneo: a medida que el frío avanza, el brillo del trazador radiactivo —que delata la voracidad de las células enfermas— se extingue ante sus ojos.

Este procedimiento, apoyado por el anestesista Dr. Belkadi Kamal, utiliza el efecto Joule-Thomson para expandir gas a alta presión y crear una esfera de hielo exacta. El uso de un escáner PET-CT avanzado, reforzado con inteligencia artificial, permite al equipo multidisciplinario situar la aguja en el corazón de la lesión con una exactitud que antes pertenecía a la teoría.

Para el paciente, cuya movilidad estaba amenazada por un tumor en la región escapular, la intervención prescinde de la agresión del bisturí tradicional. La recuperación se vuelve más breve cuando la herida es apenas el rastro de una aguja. El Grupo Oncorad, fundado por el Profesor Redouane Samlali y el Dr. Omar Hajji, introduce con este acto una nueva forma de entender la cirugía: un mapa donde el médico ya no opera a ciegas, sino que ve morir a la enfermedad en el mismo instante en que la toca con el frío.

Al final del procedimiento, la imagen en la pantalla muestra una quietud absoluta donde antes había agitación celular. En la costa de Casablanca, la tecnología se ha vuelto lo suficientemente sutil como para proteger la fragilidad del cuerpo humano mientras lo sana.