Aquel 11 de noviembre, el silencio en el quirófano del Hospital Universitario Charles Nicolle solo se veía interrumpido por el leve zumbido del sistema Revo-i. Durante exactamente 45 minutos, Nouira dirigió la extracción de una vesícula biliar utilizando una tecnología surcoreana que traduce los gestos del cirujano en movimientos milimétricos. La paciente, cuya identidad se protege en la discreción de los archivos médicos, despertó poco después y abandonó el hospital sin las complicaciones que suelen acompañar a la cirugía abierta tradicional.

Para Nouira, jefe del Departamento de Cirugía General B, la máquina no es un sustituto de la pericia humana, sino su extensión más depurada. Tras formarse intensamente en Corea del Sur junto a los ingenieros de Meere Company, el cirujano regresó a Túnez con la convicción de que la precisión del acero puede reducir drásticamente el sufrimiento postoperatorio y los tiempos de estancia en el hospital.

La ambición de este equipo médico, apoyado por la doctora Alia Jebri en la anestesia, trasciende la mera novedad técnica. Desde aquella primera intervención, han intervenido a una veintena de pacientes por tumores de colon y otras patologías digestivas. Túnez se convierte así en el primer país del continente en operar con este sistema específico, situándose a la vanguardia de una región que a menudo debe esperar décadas para acceder a tales avances.

El doctor Nouira ya planea la creación de un centro nacional de formación en cirugía robótica dentro del mismo hospital fundado a finales del siglo XIX. Allí donde Charles Nicolle descubrió cómo los piojos transmitían el tifus, hoy se enseña a una nueva generación de médicos a manejar instrumentos que rotan 360 grados con una estabilidad que ninguna mano de carne y hueso podría igualar por sí sola.