En el Hospital Vaiola de Nuku'alofa, la capital de Tonga, los médicos confirmaron lo que temían: Likiliki necesitaba una angiografía y una angioplastia, y el país no tenía cómo hacerlas. Lo mismo ocurrió con Sione Aleamotua, un trabajador temporero de 28 años, y con Sio Lino, de 45, diseñador gráfico y dueño de una imprenta, que llevaba unos siete meses viviendo con el dolor antes de pedir ayuda.
El gobierno tongano pagó el viaje y el tratamiento. La doctora Annalisa Faanunu, especialista en medicina interna de Vaiola, acompañó a los tres hombres hasta PSH Hospitals, un hospital privado de 130 camas en Legalega, junto al aeropuerto internacional de Nadi. Ocupa dos edificios contiguos de cinco plantas, y en uno de ellos está el laboratorio de cateterismo donde los cardiólogos abrieron las arterias bloqueadas.
A Likiliki le colocaron dos stents. A Aleamotua, que no llega a los treinta, le encontraron una arteria obstruida y le pusieron uno. Lino también recibió un stent. Iban con un grupo más grande de tonganos que estaban en Nadi por tratamiento en esos mismos días.
«Si tienen dolor en el pecho, no esperen: vayan al hospital de inmediato».
Las palabras son de Aleamotua, pero podrían ser de cualquiera de los tres. Likiliki agradeció al gobierno que cubriera los gastos y a los médicos y enfermeras de Fiji por el trato que recibió.
Detrás de estas tres historias hay una crisis que los médicos tonganos conocen bien. Los hombres de Tonga mueren de cardiopatía isquémica a un ritmo de entre 139 y 210 por cada 100.000, frente a 97 en Nueva Zelanda y 78 en Australia. La diabetes interviene en un tercio de esas muertes.
Durante décadas, la cirugía cardíaca llegó a Tonga en las maletas de equipos extranjeros. El programa australiano Open Heart International visita Vaiola desde 1986. Hasta mayo de 2023, cuando un equipo de la Pasifika Medical Association dirigido por la fisióloga cardíaca Fiona Riddell implantó los primeros marcapasos nuevos, nadie en el país había recibido uno sin salir de casa.
Para lo demás está el mar. PSH, fundado por Parvish Kumar, un antiguo académico, ha realizado más de mil angiografías e implantes de stents, y recibe pacientes de Tonga, Samoa, Kiribati, Vanuatu, Nauru, las Islas Salomón y Papúa Nueva Guinea.
Sio Lino esperó siete meses. Manase Likiliki no esperó ni una tarde. Los dos volvieron a casa, y ambos quieren que la próxima persona con el pecho apretado haga lo que hizo Likiliki.