«El propósito exacto de que mis hijos estén aquí hoy es que vean este nivel de educación, y que les oriente sobre qué camino seguir, sobre todo en estos tiempos difíciles que atravesamos», dijo Sela.

La distancia que separa Bua de ese escenario no es solo académica. Desde Nabouwalu, el puerto principal de la provincia, hay que cruzar el mar hasta Natovi y después casi dos horas de autobús hasta Suva. La travesía matinal zarpa a las seis. Es el trayecto que hacen quienes viven del taro, la kava y la piña en el oeste de Vanua Levu cuando necesitan algo que solo está en la isla grande.

Sela ya tenía una licenciatura en Agricultura y más de diez años como profesor de la materia antes de pasar a trabajar en una organización no gubernamental dedicada a la conservación del medio ambiente y los recursos naturales. La maestría llegó después, encajada entre jornadas laborales completas y la vida familiar. Atribuyó a los suyos el haberlo hecho posible: sin ese apoyo, dijo, no habría terminado.

Quien estudia agricultura en esta universidad lo hace en una disciplina administrada desde Alafua, en Samoa, a unos 1.150 kilómetros de Suva. El campus nació a principios de los años sesenta como colegio regional de agricultura tropical y pasó a manos de la universidad en 1977. Nada de eso se ve desde las gradas de un pabellón deportivo en Laucala.

Lo que sí se vio, aquella mañana, fue a un hombre de Bua subir al escenario mientras tres niños lo miraban desde abajo.