El colectivo lo forman doce mujeres, todas de El Manglito, un antiguo barrio de pescadores de La Paz. Empezaron a organizarse cuando la pesquería local se vino abajo. Las fuentes no coinciden en la fecha exacta. Crecieron junto a la Organización de Pescadores Rescatando la Ensenada, fundada en 2016, que reúne a quince cooperativas y veinte pescadores independientes dedicados al callo de hacha. En 2018 adoptaron el nombre con el que hoy se las conoce.
Su trabajo tiene poco de espectacular. Vigilan el estero, recogen basura y acompañan a quienes lo visitan. Registran el mangle rojo, el blanco y el negro en cuadrantes de sesenta por sesenta centímetros, uno tras otro, con la paciencia de quien cuenta lo que tiene para no perderlo. De ese estero dependen especies que después se pescan en la bahía, como la almeja catarina y el callo de hacha. Cuidar el manglar es también cuidar el sustento de su barrio.
El Ayuntamiento de La Paz y el Fondo para la Protección de los Recursos Marinos (FONMAR) pagaron cada uno la mitad del remolque. En la entrega, la presidenta municipal suplente, Amor Fenech Montaño, atribuyó el avance a la gente que se organiza en su propia calle.
«La organización vecinal, de comunidad, de aliados y aliadas, es lo que nos permite seguir avanzando».
El vivero se inauguró el 14 de septiembre de 2018. El remolque llegó ocho años después, casi el mismo día. Entre una fecha y otra hubo monitoreos mensuales, capacitación en restauración y el reconocimiento de la Iniciativa Ecuatorial del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Las integrantes también sostienen un cultivo de ostión en el que solo trabajan mujeres.
No lejos de allí, en la península de El Mogote, el desarrollo inmobiliario Paraíso del Mar ocupa cientos de hectáreas. La portavoz del grupo, Claudia Reyes, ha dicho que para El Conchalito quieren otra cosa: un ecoturismo que enseñe, no un turismo convencional. Por ahora el trabajo sigue siendo el de siempre. El remolque solo les facilita llevar las plantas hasta el agua.