Los artesanos llegados del Perú, representantes de tradiciones como la Awajún y la Shipibo-Konibo, han cruzado el océano para compartir el secreto de sus arcillas selladas con resinas vegetales. En las plazas y escuelas asturianas, estos maestros de la cuenca amazónica trabajan junto a los creadores de madreñas y talladores de madera de aliso, descubriendo que, pese a la distancia geográfica, el respeto por el material natural es un lenguaje universal.
El encuentro, organizado por la Asociación Cultural Mercado Ecológico y Artesano, ha transformado el paisaje cotidiano de las aldeas. A través del programa Tejiendo Cultura, la técnica del tejido con semillas de huayruro ha entrado en las aulas y centros sociales, permitiendo que el público comprenda la artesanía no como un objeto de vitrina, sino como un proceso vivo de identidad y resistencia cultural.
Mientras los alfareros de la Amazonía aplican la resina de árbol sobre la cerámica caliente para lograr un barniz impermeable, los artesanos asturianos comparten la técnica de tallar la madera cuando aún está verde para evitar que se agriete. Es un diálogo de precisiones. Esta octava edición de Esencia Artesana, que coincide con los Días Europeos de la Artesanía, ha logrado que la técnica del Amazonas no sea vista como algo exótico, sino como el testimonio de una forma de entender el mundo que prioriza el cuidado y la paciencia.
La artesanía es, por encima de todo, un vehículo de diálogo que permite reconocerse en el trabajo del otro.
La presencia peruana en este rincón de Europa deja tras de sí algo más que objetos. Al finalizar las jornadas, el rastro de las tinturas naturales y el aroma de las maderas nobles permanecen en los talleres como prueba de que, cuando dos culturas deciden sentarse a trabajar juntas, el mapa del mundo se vuelve un poco más pequeño y mucho más humano.