La idea tardó en tomar forma hasta 2023, cuando Nikuze fundó NEEM Company Ltd junto a Alex Muhirwa, Grace Nyirarukundo y David Rwakayiro en el centro de incubación ACEIoT, dentro del Colegio de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Ruanda. El objeto que construyeron cabe en un zapato. Cada plantilla se moldea en 3D según la forma exacta del pie del paciente y lleva incrustados sensores de presión, silicona y un módulo Bluetooth de bajo consumo.
El dispositivo dibuja un mapa continuo de la presión plantar y envía las lecturas a una aplicación móvil. Allí, los algoritmos señalan las zonas donde el peso se acumula demasiado tiempo —el paso previo a la úlcera— y avisan tanto a quien lleva la plantilla como a su médico. La cifra que explica el proyecto entero es esta: alrededor del 85 por ciento de las amputaciones de miembro inferior por diabetes viene precedida de una úlcera en el pie.
En África, las úlceras del pie diabético representan entre el 15 y el 25 por ciento de las hospitalizaciones vinculadas a la diabetes, y entre una cuarta parte y la mitad de esos casos terminan en quirófano. Ruanda cuenta con unas 131.000 personas que viven con diabetes. Una de ellas es Munyampuhwe Jean d'Amour, diagnosticado en septiembre de 2025 y equipado poco después con las plantillas: el seguimiento de su presión plantar permitió identificar las primeras señales de alarma cuando todavía eran solo señales.
En 2025, NEEM quedó en segundo lugar en el Hanga PitchFest, con una subvención de 20 millones de francos ruandeses. El dinero tiene dos destinos concretos y nada espectaculares: endurecer la plantilla para el uso rural, donde los obstáculos se llaman polvo, falta de electricidad y distancia hasta la clínica más cercana, y financiar la validación clínica, requisito para que el seguro nacional de salud cubra el dispositivo en lugar de dejarlo en manos del bolsillo del paciente.
La dificultad técnica que Nikuze menciona con más frecuencia es el abastecimiento de componentes: el equipo busca las piezas más pequeñas que existan en el mercado, porque todo debe desaparecer dentro de un zapato corriente. En paralelo ha abierto en Kigali un centro de bienestar dedicado a la prevención, el cambio de hábitos y la educación sobre el cuidado de los pies.
Se formó para colocar miembros artificiales y terminó construyendo el aparato que debería hacerlos menos necesarios.
El origen de todo está más atrás, en su adolescencia, cuando a un familiar le diagnosticaron diabetes mientras ella cursaba la secundaria. Aquella historia doméstica y la sala de prácticas se juntaron años después en un objeto de silicona con sensores, capaz de avisar de un daño que aún no ha ocurrido.