Desde la Universidad de Sídney, Sedran-Price lidera una iniciativa que sitúa a los bancos de semillas gestionados por comunidades indígenas como una herramienta fundamental frente a las transformaciones del clima. Junto a Jacob Birch, de la Universidad de Queensland, ha sido distinguida con el premio para científicos aborígenes e isleños del Estrecho de Torres, un reconocimiento que la Academia Australiana de Ciencias otorga para respaldar investigaciones de alto impacto en ciencias físicas y biológicas.

El proyecto busca proteger especies vegetales de profundo significado cultural, creando al mismo tiempo nuevas sendas en la producción de alimentos tradicionales y la educación técnica. La dotación de hasta 20.000 dólares permitirá a estos investigadores expandir una red donde la ciencia académica se nutre de la observación milenaria de los cuidadores del territorio.

La técnica de preservación requiere una paciencia casi artesanal. Muchas semillas australianas han evolucionado para resistir condiciones extremas y poseen cubiertas tan duras que solo el calor de un incendio forestal o la exposición química al humo logran activar su germinación. En las instalaciones de almacenamiento, el material es desecado y congelado, un proceso que garantiza su viabilidad durante décadas.

La labor de estos científicos se apoya en el trabajo de campo de guardaparques y consejos locales, quienes realizan la cosecha manual para no dañar los sistemas de raíces. Al asegurar la supervivencia de estos granos, no solo se protege la biodiversidad, sino que se mantiene vivo el uso del tjiwa, la piedra plana de moler donde el grano se transforma en alimento, uniendo la tecnología del presente con la sabiduría del pasado.