La técnica utiliza una variante de la proteína Cas9, denominada FnCas9, extraída de una bacteria común que suele encontrarse en la naturaleza. Este escalpelo microscópico permite a los científicos entrar en el núcleo de la célula y corregir la mutación que deforma los glóbulos rojos, devolviéndoles su capacidad de transportar oxígeno. El nombre de la terapia no es accidental: evoca a Birsa Munda, el líder que en el siglo XIX defendió los derechos de los pueblos originarios.

El esfuerzo de estos investigadores se dirige específicamente a los grupos Adivasi, comunidades que cargan con la mayor prevalencia de este trastorno sanguíneo en el país. Hasta ahora, el tratamiento para estos pacientes se limitaba a paliativos básicos, como suplementos de ácido fólico y transfusiones periódicas, mientras las terapias genéticas de última generación permanecían fuera de su alcance debido a su coste prohibitivo en el mercado internacional.

Al desarrollar una tecnología propia, el equipo de Nueva Delhi ha eliminado la dependencia de patentes extranjeras que elevaban el precio de la cura a niveles inasumibles para el sector público. La intención detrás de BIRSA 101 es la equidad: que la ciencia más avanzada no se detenga en los límites de las ciudades modernas, sino que llegue a las clínicas rurales donde la enfermedad es una realidad cotidiana.

Esta intervención se alinea con una misión nacional que busca identificar a los portadores del rasgo genético en diecisiete estados. El trabajo de Chakraborty y Maiti demuestra que la ingeniería genética puede ser una herramienta de justicia social cuando se diseña pensando en quienes tienen menos recursos para acceder a ella.