El espectáculo se llama Gungas, Marimbas e Urucungos em Encantorias Ancestrais, y lo trajeron hasta aquí Mestra Valdira Barros, cofundadora del Centro Cultural Mandingueiros do Amanhã, y Mestre Bamba, director artístico del grupo. Reúne capoeira, música y danza en una sola pieza teatral. Los intérpretes vienen de cinco comunidades de Itapecuru-Mirim: Vila da Fé em Deus, en Santa Rita, y los quilombos de Santa Luzia, Santa Joana, Santa Rosa y Oiteiro dos Nogueiras.

Antes de Río, la gira pasó por Parnaíba, en Piauí; por São Luís y por la propia Itapecuru-Mirim; y por Belém, en Pará. El proyecto fue elegido entre ocho mil propuestas culturales presentadas a un programa nacional de fomento.

Mestra Valdira Barros explica el propósito sin rodeos: fortalecer la autoestima de la juventud negra y transmitir la capoeira angola a las nuevas generaciones. Es el estilo más antiguo y más lento, el que privilegia el ritual, la musicalidad y el juego a ras de suelo por encima de la acrobacia. La UNESCO inscribió la roda de capoeira en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2014.

El berimbau que sostenía Josielma no tiene equivalente indígena ni europeo: desciende de los arcos musicales africanos que llegaron con las personas esclavizadas. La capoeira misma nació como arte marcial disfrazada de danza, para que quienes la practicaban pudieran entrenar sin alertar a los capataces. Los quilombos son las comunidades fundadas por africanos fugados o liberados; la Constitución brasileña de 1988 les reconoció el derecho colectivo a la tierra, formalizado mediante la certificación de la Fundación Cultural Palmares.

La función contó con audiodescripción e interpretación en lengua de señas brasileña. Nadie que quisiera entrar quedó fuera: ni por el precio, ni por no oír, ni por no ver.