Nació prematuro. Una atrofia congénita del nervio óptico le dejó una visión mínima, y los años de tratamientos que no dieron resultado terminaron por separar a sus padres. Cuando acabó la secundaria, en 2019, decidió que su educación continuaría en otra parte.

Los números de su vida cotidiana son estrechos. Vivir en Hanói le cuesta entre tres y cuatro millones de dong al mes; la ayuda por discapacidad le aporta poco más de uno. La diferencia la ha cubierto él: telemarketing, reparto de folletos, modelo promocional, venta de tarjetas SIM. Trabajos que se aceptan por turnos y se compaginan con las clases.

Estudia trabajo social en la Universidad de Ciencias Sociales y Humanidades, en la calle Nguyen Trai. En el mismo barrio es vicepresidente del Club de Jóvenes con Discapacidad de Thanh Xuan, y forma parte de la junta de la Red de Estudiantes Ciegos de Vietnam. Entre 2022 y 2023 ganó medallas en competiciones de deporte adaptado y de danza. En 2024 recibió una mención de la Unión Central de la Juventud Vietnamita.

El título de Estudiante 5 Bueno, creado por la Unión Nacional de Estudiantes de Vietnam en diciembre de 2013, se evalúa en cinco apartados: ética, resultados académicos, condición física, voluntariado e integración internacional. Sirve para solicitar becas, plazas en el extranjero, residencia universitaria, empleo. Cuong cumplió los cinco.

Este año fue elegido además entre las veintiséis personas del programa Toa sang nghi luc Viet, que desde 2020 reconoce a jóvenes con discapacidad en todo el país.

Queremos que se nos vea a través de nuestras capacidades, no de nuestras limitaciones.

El distrito de Thanh Xuan, donde dirige el club juvenil, dejó de existir el 1 de julio de 2025, cuando Vietnam suprimió ese nivel administrativo y lo repartió en tres barrios. La misma reforma amplió la provincia de Phu Tho, de donde él viene. El mapa cambió; la ruta que hizo a los quince años sigue siendo la misma.