Ese momento —el entrenador de pie sobre la hierba, calculando— es el que las tres estudiantes de Harvard quisieron cambiar. Rumble Rims es un visor de bajo coste que sigue el movimiento ocular mediante luz infrarroja y propone tareas oculomotoras breves. En dos o tres minutos ofrece una lectura de lo que está ocurriendo detrás de los ojos del atleta, y después alimenta un panel de seguimiento que registra la recuperación a lo largo de los días siguientes.
Saran explicó que el equipo buscaba dar a entrenadores, deportistas y familias una información más clara "en el momento exacto del riesgo". Entre los sistemas clínicos caros y la evaluación subjetiva del banquillo había un vacío, y ahí quisieron colocar el aparato.
No lo diseñaron en aislamiento. Elliot Sawyer-Kaplan, entrenador de lacrosse de instituto, aportó sus observaciones durante el desarrollo y ayudó a ajustar el dispositivo a las condiciones reales de un partido: prisa, ruido, un atleta que quiere seguir jugando.
La técnica que emplean no es nueva, pero sí su lugar. La videooculografía por infrarrojos —cámaras que iluminan el ojo con luz invisible y siguen la pupila a alta velocidad— ha vivido hasta ahora dentro de las consultas de neurotología. El cribado al borde del campo, en cambio, sigue apoyado en papel y cronómetro: listas de síntomas, pruebas de equilibrio y recuerdo de palabras, administradas por quien esté presente.
La legislación estadounidense reconoce el problema desde hace tiempo. La ley que lleva el nombre de Zackery Lystedt, un jugador de fútbol americano de trece años que quedó permanentemente discapacitado tras volver al campo en un partido de 2006, obligó al estado de Washington en 2009 a retirar del juego a cualquier deportista sospechoso de conmoción. Para 2014, los cincuenta estados y el Distrito de Columbia tenían normas equivalentes. Pero ninguna resuelve la pregunta original: quién decide, y con qué.
El James Dyson Award, que la fundación del mismo nombre organiza desde Malmesbury, en el condado inglés de Wiltshire, ha premiado antes dispositivos médicos nacidos en aulas universitarias. Los ganadores nacionales pasan ahora a una lista internacional; el propio Sir James Dyson elige al vencedor final.