La decisión tiene algo de discreto. No fue un gesto de caridad, sino el juicio de un empleador que había visto trabajar a un hombre durante meses y quería seguir contando con él. Para Lucio significa un sueldo más allá de la temporada alta y una rutina que lo mantiene unido al mundo de fuera.

El puesto no llegó por casualidad. Lo consiguió a través de Seconda Chance, una asociación sin ánimo de lucro que fundó en 2022 Flavia Filippi, periodista de TgLa7. Su tarea es sencilla de explicar y difícil de cumplir: poner en contacto a personas presas o que ya salieron de prisión con empresarios dispuestos a contratarlas. En Toscana la coordina Stefano Fabbri, antiguo periodista de la agencia ANSA.

La ley italiana lo permite desde 1975. El artículo 21 de la ley penitenciaria autoriza a los reclusos a trabajar fuera de la cárcel. El director de la prisión aprueba cada caso y el juez de vigilancia debe ratificarlo. Desde el año 2000, la llamada Ley Smuraglia ofrece además ventajas fiscales a quien los contrate.

Solo en Toscana, la asociación consiguió en 2025 entre 16 y 23 empleos, y entre 70 y 80 en tres años. Los oficios son muy distintos. Dentro de la misma cárcel de Porto Azzurro, levantada en una fortaleza en forma de estrella que la corona española empezó a construir en 1603 en la isla de Elba, se abrió un centro de atención telefónica donde algunos reclusos seleccionados recibieron formación y un contrato. Otros aprendieron a tallar la pietra serena, la arenisca gris azulada con la que Brunelleschi levantó las columnas de San Lorenzo en Florencia. Hay quien trabaja en comercios, en obras o en logística, y alguno enseña guitarra.

Son cifras modestas en un sistema desbordado. En 2025 las cárceles italianas tenían más de 60.000 presos para unas 51.000 plazas, y según el Consejo Nacional de Economía y Trabajo solo una minoría trabaja, casi siempre en la limpieza o la cocina de la propia cárcel.

Por eso importa lo que ocurrió en Bagno Gilda. Un hombre hizo bien su trabajo y otro lo vio. Este invierno, cuando las playas de Forte dei Marmi se queden vacías, Lucio seguirá teniendo un lugar al que ir cada mañana.