Para ella, perder una extremidad «no es simplemente perder una parte del cuerpo». Afecta la posibilidad de trabajar, de cuidar a la familia, de participar en la vida pública y de vivir con independencia. Esa convicción está en el origen de Dynalimb, la empresa que fundó junto a Taiwo Akinsanya y Kehinde Oluwatobi. Entre los tres suman más de 25 años de experiencia en prótesis y ortesis.

En Nigeria, una prótesis convencional tarda entre cuatro y seis semanas en llegar. Dynalimb escanea en 3D el miembro residual del paciente, imprime el dispositivo a su medida y lo entrega en una semana. El precio medio ronda los 800.000 nairas, unos 600 dólares, frente a los 1,6 millones que cuesta una prótesis tradicional en el país.

Aniefiok dirige las operaciones de la empresa, y buena parte del trabajo no tiene nada de digital. El proceso empieza con visitas a las comunidades y termina con una prueba en persona a cargo de especialistas, además de orientación de fisioterapia para que el paciente aprenda a moverse con el nuevo dispositivo. Entre una cosa y otra funciona DynaX, una plataforma que permite tomar medidas a distancia y hacer el seguimiento de cada paciente.

La empresa creció sin grandes inversores. Arrancó con dinero de los fundadores, becas y programas para emprendedores. Un perfil publicado en febrero la situaba en un pequeño taller de Uyo, en el estado de Akwa Ibom, a unos 550 kilómetros de Lagos. Pasó por el acelerador para mujeres en tecnología de la Standard Chartered Foundation, que le dio 10.000 dólares, y en 2025 el consejo de innovación del estado de Lagos, LASRIC, la eligió entre los cinco galardonados de su categoría de innovación.

En febrero, Dynalimb contaba algo más de 500 dispositivos entregados. Siete meses después, supera los mil pacientes atendidos. Ahora planea llegar a Ghana, Kenia y Ruanda.

Las cifras del continente son enormes, y mil personas son pocas a su lado. Pero cada una es alguien que volvió a su trabajo, o a su casa, sin esperar tanto como esperó la tía de Blessing Aniefiok.