Ashley buscó una sección local de Keep New Zealand Beautiful (KNZB), la organización que el Gobierno neozelandés creó en 1967 para combatir la basura. No la encontró. Entonces escribió a la organización y fundó el primer grupo de la Costa de Kapiti, que hoy se llama Keep Kapiti Beautiful y cuenta con el apoyo de KNZB y del ayuntamiento del distrito.

Desde entonces organiza jornadas de limpieza abiertas a los vecinos. Reparte entre los alumnos de las escuelas locales pinzas, chalecos, guantes y sacos para que hagan sus propias limpiezas. Y cada semana sale a recoger basura en los parques de Kapiti con Hōhepa Wellington, una comunidad residencial para adultos con discapacidad intelectual que desde 2015 tiene su sede en Otaihanga, a pocos kilómetros de allí. Sus residentes cultivan hortalizas y cuidan un vivero de plantas nativas.

Ashley conduce un vehículo rotulado con los emblemas de KNZB. Allí donde aparca, el coche explica sin palabras a qué se dedica su conductor.

Ningún objeto de los que ha recogido supera en tamaño al que encontró durante una visita a la isla de Kapiti, a unos 5,6 kilómetros de la costa. Solo se puede desembarcar allí con permiso. Desde 1999 no quedan en ella mamíferos depredadores, y entre sus bosques viven takahē, kōkako y cerca de 1.200 kiwis moteados menores. La organización no ha precisado qué era aquel objeto.

Al concederle el reconocimiento, KNZB destacó cómo Ashley ha sumado a estudiantes universitarios, escolares y vecinos a la tarea de mantener limpia la costa. Lo que empezó como el gesto de una pareja al borde de la carretera tiene ahora nombre, material y una cita cada semana.