A Oertlinger le importa sobre todo el bienestar animal, y por eso ve en los árboles algo muy concreto: sombra. Según explica, la cubierta arbórea que vuelve cambia las condiciones de un rebaño expuesto al calor del Chaco. Su vecino Mariano Fiori, también productor santafesino, espera otra cosa del mismo gesto: que el suelo recupere su biodiversidad bajo las nuevas copas.

El trabajo lo hicieron los forestadores de Optimizar Forestal, dirigidos en la zona por Luis Arguello Pitt, con la siembra aérea de la empresa emergente ReForest Latam. Entre la primavera de 2024 y la de 2025 cubrieron 367,2 hectáreas de antiguos campos ganaderos en Santa Fe, Santiago del Estero y Chaco. No plantaban cuando querían: esperaban a que cayeran unos 60 milímetros de lluvia para que las plantas pudieran enraizar. En los días buenos, una cuadrilla especializada llegaba a plantar 2.500 árboles.

Casi ocho de cada diez plantines son de algarrobo blanco, que los botánicos llaman hoy Neltuma alba. Resiste la sequía, y las bacterias de sus raíces fijan nitrógeno, lo que devuelve nutrientes a un suelo empobrecido y ayuda a recomponer la tierra erosionada. Durante siglos, los pueblos del Chaco molieron sus vainas para hacer harina de patay y las fermentaron para preparar aloja. En quechua se lo llama taku, «el árbol».

La región conoce bien el hacha. A comienzos del siglo pasado, la compañía británica La Forestal taló el quebracho colorado del norte santafesino para extraer tanino. Cuando se fue, dejó sin su principal empleador a pueblos enteros que había levantado. En las últimas décadas, el monte cayó sobre todo para abrir campos de soja y pasturas para el ganado.

Esta vez, la tarea no terminó con la plantación. La organización Nativas vigila las parcelas y va reponiendo los árboles que no prosperaron. La Universidad Nacional de Santiago del Estero cultivó en su vivero 20.000 plantines de otras especies, y la botánica Sandra Bravo dio charlas en las escuelas cercanas para explicar a los chicos qué estaba creciendo en los campos de al lado.

The Nature Conservancy Argentina, que coordinó el trabajo con el apoyo de John Deere Argentina, dice que su objetivo es demostrar que la ganadería y el bosque pueden avanzar juntos en la misma tierra en lugar de competir por ella.

Los vecinos ya han visto el resultado. Según Antonella Fernández, de Nativas, varios propietarios de campos linderos vieron prender los algarrobos jóvenes en tierras desmontadas para pastoreo y ahora preguntan cómo sumarse.