En diversos puntos de Europa, desde las clínicas de Alemania hasta los centros de apoyo en España e Italia, los profesionales de la comunicación se han citado para compartir una sabiduría que reside en las yemas de los dedos. El encuentro, coordinado por la red de comunicación de Deafblind International (DbI), se centra en la premisa de que la comunicación es el muro primario que aísla a la persona con sordoceguera, y que solo la presencia física del otro puede derribarlo.
Entre los métodos analizados destaca la técnica Tadoma, un ejercicio de intimidad y paciencia donde la persona coloca su pulgar sobre los labios del interlocutor y sus dedos a lo largo de la mandíbula. El lenguaje deja de ser una abstracción sonora para convertirse en una vibración rítmica, en el movimiento mecánico de los huesos que el receptor interpreta con la precisión de un músico.
La historia de estos sistemas de comunicación está ligada a gestos de afecto personal. El alfabeto Lorm, utilizado frecuentemente en las regiones germanohablantes, fue ideado en el siglo XIX por el novelista Hieronymus Lorm. Al perder la vista y el oído, Lorm no se resignó a la soledad; creó un sistema de toques y caricias en distintas zonas de la mano para poder seguir hablando con su hija.
Bajo la dirección de Mirko Baur, actual presidente de la organización, la campaña "LET ME IN" insiste en que la educación de los niños con sordoceguera no es una concesión, sino un derecho que requiere especialistas capaces de descifrar estas señales táctiles. En un mundo que se digitaliza a pasos agigantados, estos expertos reivindican el valor del contacto humano directo como la única tecnología capaz de rescatar a un individuo de la oscuridad absoluta.