El hallazgo, realizado por científicos de las universidades de New Valley y Damanhour, revela la existencia de un pez de la familia Saurodontidae, caracterizado por una dentadura similar a la de los reptiles. La pieza central del descubrimiento es un hueso predentario que se proyecta hacia adelante como una espina afilada y desprovista de dientes, una herramienta diseñada por la evolución para embestir e incapacitar a sus presas en las aguas poco profundas que una vez cubrieron el sur de Egipto.

Hasta este momento, la presencia de estos depredadores alargados y veloces se consideraba un fenómeno exclusivo de las regiones que hoy conforman Norteamérica y Europa. El ejemplar de Dajla no solo expande el mapa de la vida en el Cretácico Superior, sino que presenta rasgos anatómicos únicos que lo distinguen de cualquier otro género conocido hasta ahora por la paleontología.

La investigación, cuyos resultados han sido recogidos por la revista Acta Palaeontologica Polonica, rinde homenaje en su nomenclatura al doctor Mohamed Ibrahim Al-Anbaawi, pionero de la geología en la Universidad de El Cairo. Es un gesto de continuidad académica en un paisaje donde las capas de fosfato, a menudo explotadas para fines industriales, guardan todavía los secretos de un ecosistema que desapareció durante la gran extinción que cerró la era de los dinosaurios.

Para Abu Al-Kheir y su equipo, el Wadiichthys anbaawyi representa más que un nombre en un catálogo taxonómico. Es el testigo de una época en que el desierto actual era un abismo azul, y su recuperación del terreno pedregoso permite reconstruir, con la precisión del anatomista, la diversidad de una vida que se creía ajena a estas latitudes.