El maracaná lomo rojo, Primolius maracana, es un guacamayo pequeño —unos cuarenta centímetros de pico a cola—, verde, con las plumas de vuelo azules y una mancha roja en la espalda baja que le dio el nombre. En Argentina se extinguió localmente en 1988, empujado por la caza, el comercio ilegal de mascotas y la pérdida de bosque. Durante casi cuatro décadas la selva misionera siguió existiendo sin ellos, y con ellos se fue también su oficio: los loros grandes dispersan las semillas de palmeras y árboles frutales, una función que desaparece del bosque cuando desaparecen las aves.

El programa que intenta revertirlo lo conduce la ONG Aves Argentinas junto a instituciones brasileñas, entre ellas el Parque das Aves de Foz do Iguaçu. Las aves que superan los exámenes de Di Nucci y la cuarentena pasan a un aviario forestal en la reserva Puente Verde, en la península Andresito. Allí aprenden lo que nadie les enseñó en cautiverio: volar distancias largas, reconocer como alimento los frutos y brotes de la selva nativa, y desconfiar otra vez de las personas.

En diciembre de 2025 nació allí Julián, el primer pichón silvestre de la especie en décadas. Vivió un mes.

Las ocho aves que salgan el 20 de septiembre llevarán transmisores. Durante el período de ajuste podrán regresar al encierro por la noche, a dormir donde saben que hay comida y techo, hasta que dejen de necesitarlo. Es el mismo método que empleó la Fundación Rewilding Argentina en el Parque Iberá, en Corrientes, con los guacamayos rojos soltados desde 2015: telemetría, alimento suplementario, paciencia. Los primeros pichones nacidos en libertad allí se registraron en 2020, tras más de siglo y medio de ausencia en el país.

Los organizadores miran más lejos que la península Andresito. Si las aves prosperan, la población misionera podría volver a conectarse con las de Brasil y Paraguay, a través de un bosque que los mapas todavía muestran unido aunque las aves ya no lo recorrieran. Por ahora, el objetivo es más modesto y más difícil: que ocho animales criados entre rejas aprendan a vivir sin ellas.