Atherley, médico ortopeda, dirigió la operación. A su lado trabajaron dos especialistas italianos llegados para el caso: Costantino Errani, ortopedista oncológico, y Paolo Sassu, microcirujano. Ambos están vinculados al Istituto Ortopedico Rizzoli de Bolonia, fundado en 1896, uno de los centros de referencia europeos en tumores óseos, con un registro de casos iniciado a comienzos del siglo pasado. Sassu formó parte del equipo que realizó el primer trasplante doble de manos de Escandinavia, en Suecia, en 2017.
Su presencia en el quirófano panameño no fue casual. El Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social coordinaron el viaje y la integración de los especialistas extranjeros con el equipo nacional para esta intervención concreta.
La técnica explica por qué hacían falta dos disciplinas a la vez. En lugar de sustituir el hueso extirpado por una prótesis metálica, los cirujanos emplearon tejido del propio cuerpo del niño. Ese tipo de reconstrucción biológica exige un microcirujano capaz de reconectar los vasos sanguíneos del injerto. Y tiene una ventaja que importa especialmente en un cuerpo que aún crece: el hueso trasplantado se engrosa y se remodela con los años, mientras que un implante metálico de longitud fija obliga a nuevas operaciones de alargamiento a medida que el niño crece.
La cirugía por sí sola no cura un osteosarcoma. El tratamiento estándar encadena quimioterapia antes de operar, la resección, y más quimioterapia después. Lo que cambió en Ciudad de la Salud no fue el pronóstico de la enfermedad, sino el lugar donde el niño podrá atravesarla: cerca de su casa, de su familia, dentro del sistema público de su país.
El complejo hospitalario, en Panamá Pacífico, empezó a abrir por etapas en 2019 sobre los terrenos de la antigua base aérea de Howard, entregada por Estados Unidos a Panamá en 1999. Antes, los casos pediátricos complejos se concentraban en el Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel, en Calidonia, un edificio de 1957.