Lo confirma Akin Öz, vicepresidente de la Cámara de Artesanos del Hierro de Izmir: es la última forja en caliente que queda en activo en el bazar. Kemeraltí se fue formando a partir del siglo XVII, en parte sobre el terreno que se ganó al rellenar el antiguo puerto interior de Esmirna. Durante generaciones, en sus callejones se fabricaron las herramientas de los demás oficios.
El taller de los Akdemir tiene su origen en 1955, cuando llegó de Konya el hombre que enseñó el oficio al bisabuelo de Süleyman. Después lo heredó su padre, Ömer Akdemir, que hoy tiene 54 años. Durante décadas vendieron cuchillas para cortar suelas de zapato y agujas para el tabaco. Luego llegaron la producción industrial y el corte por láser, y esos encargos fueron desapareciendo.
Süleyman creció entre esas herramientas. «Desde niño he trabajado aquí, forjando en caliente», cuenta. La primera vez que vio el martillo pilón supo cuál sería su vida: «Me quedé hechizado. En ese momento supe que me dedicaría a esto».
En 2014 abrió una cuenta de Instagram para buscar clientes nuevos. Durante un tiempo no pasó gran cosa. En 2016 empezaron a llegar mensajes con peticiones que el taller nunca había recibido: los clientes querían hachas como las de Diriliş: Ertuğrul, la serie de la televisión pública turca sobre el padre de Osman I, fundador de la dinastía otomana.
A partir de ahí los encargos fueron llegando cada vez más rápido. Después de las hachas otomanas vinieron las armas de World of Warcraft, Juego de Tronos y League of Legends. En el yunque de Kemeraltí se forjó una espada inspirada en Agonía de Escarcha, la hoja que en el juego lleva Arthas Menethil, el príncipe que se convierte en el Rey Exánime. Unos oficios que durante siglos hicieron herramientas trabajan ahora para historias inventadas.
En el taller también ha encontrado su sitio Yağız Can Sönmez, de 33 años. Había sido orfebre y volvió al metal como aprendiz. Junto a su puesto de lijado se amontonan las virutas de madera de los mangos. «Lo que me trajo aquí es poder volcar lo que tienes en la mente y en el alma sobre un metal duro», dice.
Ömer, el padre, formado en la época de las agujas para el tabaco, no ve en este cambio ninguna traición al oficio. «Estoy abierto a cualquier tipo de progreso», afirma. «Si te quedas quieto en un mismo sitio, no puedes crecer».
Al final del día, cuando el bazar se vacía y los vendedores de té recogen los vasos, en el taller de los Akdemir todavía se oye el martillo.