Durante décadas, la medicina llamó a la tricúspide «la válvula olvidada». Situada en el lado derecho del corazón, su delicada estructura de tres pétalos es más fina y quebradiza que la de sus hermanas, lo que convertía cualquier intento de reparación en un riesgo que pocos cirujanos se atrevían a asumir en pacientes de edad avanzada. Sin embargo, en esta mañana de marzo, el equipo del CHU de Orán, asistido por el experto italiano Marco Di Marco, ha decidido que el tiempo de ese olvido ha terminado.
La técnica, conocida como TriClip, permite llegar al corazón a través de una incisión milimétrica en la ingle. Bajo la guía de imágenes ecográficas que transforman el interior del cuerpo en un mapa de luces y sombras, los médicos deslizan un catéter por la vena femoral hasta alcanzar la válvula defectuosa. Allí, como quien coloca un broche de seda, la pinza sujeta los velos de la válvula para detener el reflujo de sangre que agotaba la vida de estas dos mujeres argelinas.
Para las dos pacientes, cuya identidad se protege tras la discreción clínica, la intervención representaba la única salida frente a un diagnóstico que las condenaba a una fatiga asfixiante y al fallo de sus órganos vitales. Al concluir el procedimiento, el beneficio fue inmediato: la sangre, que antes retrocedía de forma caótica, volvió a fluir hacia los pulmones con la regularidad de un reloj recuperado.
Este logro en el CHU de Orán, un hospital que ha servido al oeste argelino desde mediados del siglo pasado, marca un cambio en la geografía médica del continente. Tras haber dominado la técnica del MitraClip el año anterior, el equipo de Nadia Laaradj consolida una destreza que prescinde de la violencia del metal sobre el hueso. Al final de la jornada, no queda más rastro de la hazaña que una pequeña marca en el muslo y la respiración, ahora tranquila, de dos mujeres que podrán volver a caminar sin que el aire les falte.