La intervención fue una nefroureterectomía: se extirpa el riñón, el uréter completo y un fragmento de la pared de la vejiga. Es el tratamiento estándar del carcinoma urotelial de tracto superior y resulta especialmente incómodo a distancia, porque el campo quirúrgico se extiende del flanco a la pelvis y suele obligar a recolocar al paciente y a reacoplar el robot a mitad de camino.
Duró menos de dos horas. Sangrado mínimo, constantes estables. El retardo de la red 5G se mantuvo firme en 42 milisegundos de principio a fin, muy por debajo del umbral de unos 100 milisegundos a partir del cual un cirujano empieza a percibir el desfase. Hu describió después la sensación con una frase sobria: no hubo latencia perceptible, y la presencia era equivalente a estar de pie junto a la cama del paciente.
El linaje de este gesto tiene un nombre de aviador. En septiembre de 2001, Jacques Marescaux, del IRCAD de Estrasburgo, se sentó ante una consola en un edificio de Manhattan y extirpó la vesícula de una mujer de 68 años tendida en un quirófano francés, a unos 6.200 kilómetros, por una línea de fibra dedicada. El equipo bautizó la operación como Lindbergh y fijó de antemano el punto en que abortarían: 330 milisegundos de retardo.
China retomó esa vía con redes móviles. En marzo de 2019, el neurocirujano Ling Zhipei, desde Sanya, en la isla de Hainan, implantó un estimulador cerebral profundo a un paciente con párkinson que yacía en Pekín, unos 3.000 kilómetros al norte. Ese mismo junio, Tian Wei, del Hospital Jishuitan de Pekín, dirigió en una sola sesión la colocación de tornillos vertebrales en pacientes de varias provincias. Los robots, entretanto, dejaron de ser importados: el sistema Toumai de MicroPort MedBot obtuvo autorización en enero de 2022, y el Kangduo, de Suzhou, la suya para urología ese mismo año.
Qingyuan es una ciudad de unos cuatro millones de habitantes repartidos por un territorio en su mayor parte montañoso, que incluye condados autónomos yao y zhuang. Su hospital es el centro de referencia terciario de toda esa extensión. Lo que se acortó en el quirófano de Liu Dashu no fue tanto una distancia física como la que separa a un paciente de un cirujano que, de otro modo, nunca habría visto.