Los más pequeños llegan desde tercer año. Con ellos el trabajo es lectura, ortografía e inglés hablado, y el método es sencillo: leer juntos, traducir palabras, resolver crucigramas, armar rompecabezas. Los mayores, de octavo a duodécimo año, traen otra cosa: matemáticas y contabilidad, las asignaturas que deciden su suerte en los exámenes nacionales de fin de año. En Samoa el curso escolar va de enero a diciembre, y el Samoa School Certificate de duodécimo año evalúa contabilidad como materia examinable.

La idea no es nueva para ella. En los años setenta y ochenta, sus propios padres habían convertido su casa en un espacio informal de aprendizaje para los niños del pueblo. Partsch dice que de ahí viene todo esto. Su marido, por su parte, ha montado un Homework Centre para dar apoyo adicional.

Que las clases ocurran en la casa del consejo no es un detalle menor. El maota o le nuu pertenece al pueblo, no al gobierno, y su uso semanal requiere el consentimiento del fono de matai. Saleimoa tiene cinco subaldeas —Levi, Alamutu, Lotoso'a, Salepouae y Nonoa— y algo más de 3.800 habitantes según el censo de 2016.

El inglés hablado que se practica en esas mesas cae dentro de un terreno en disputa. El samoano se enseña desde primer año hasta el decimotercero, y la política bilingüe prioriza el samoano como lengua de instrucción en primaria, mientras que la secundaria debería enseñar oficialmente en inglés. En la práctica, ambos idiomas conviven en los dos niveles. El gabinete aprobó la política bilingüe del Ministerio de Educación y Cultura en abril de 2026, cinco meses antes de que se conociera el trabajo de Partsch.

El Rotary Club de Apia, a quince kilómetros de allí por la carretera principal, ha donado material de lectura y envía voluntarios para ayudar en las sesiones. Sus libros llegan por una cadena que empieza en Nueva Zelanda y Australia: contenedores con libros y mobiliario escolar que embarca Rotary New Zealand World Community Service.

Esa ruta explica algo de la historia de Partsch también. En el censo neozelandés de 2023, 213.069 personas se identificaron como samoanas, más de las que vivían en Samoa en su censo de 2021. Las remesas representaron cerca del 24% del PIB samoano en 2024, y aproximadamente ocho de cada diez hogares reciben dinero de parientes en el extranjero. Lo que vuelve por ese mismo camino rara vez se cuenta en cifras: una mujer que pasó cuatro décadas fuera, y que los lunes abre una puerta.