La creación del Centro Nacional de Investigación e Innovación en Inteligencia Artificial (NAIRIC) responde a una necesidad humana de equidad técnica. Durante años, los avances en el procesamiento de datos en el país se concentraron en instituciones privadas, mientras las pequeñas empresas —las llamadas pymes— operaban al margen de la transformación digital. Solidum ha diseñado este organismo no como un mausoleo de servidores, sino como un puente tendido hacia el sector manufacturero, la agricultura y la salud comunitaria.

El proyecto unifica esfuerzos que antes se encontraban dispersos entre agencias gubernamentales y universidades. El objetivo es práctico y directo: enviar a investigadores graduados a los campos y fábricas para traducir algoritmos complejos en soluciones cotidianas. Para una economía donde gran parte de los comerciantes gestiona su inventario con libros de contabilidad escritos a mano, la llegada de estas herramientas representa un cambio en la escala de sus posibilidades.

La tarea no es sencilla en un territorio donde el acceso a la red suele ser una barrera física y económica. Sin embargo, la estrategia de Solidum se apoya en la reciente digitalización de los pagos minoristas, que ya alcanzan casi la mitad de las transacciones del país. Al centralizar la investigación, el NAIRIC permite que el pequeño productor agrícola acceda a la misma precisión analítica que una corporación multinacional, reduciendo la brecha de productividad que históricamente ha separado a los ciudadanos por su capacidad de inversión tecnológica.

A través de un portal de investigación de acceso público y programas de capacitación técnica, la iniciativa busca que la inteligencia artificial pierda su aura de inaccesibilidad. Se trata, en última instancia, de devolver la soberanía de la herramienta a quien trabaja la tierra o gestiona el mostrador, permitiendo que el progreso se mida no por la velocidad de sus procesadores, sino por la seguridad que ofrece al sustento de millones de familias.