El matrimonio de jubilados vive en el barrio de Campbell y Amenábar, en la ciudad argentina de Rosario. Todavía no se sabe qué causó el incendio. Lo que sí se sabe es lo que costó: la casa, los muebles y el dinero que habían reunido durante toda una vida y que acababan de convertir en paredes nuevas.

Desde entonces duermen en la casa de un vecino. Una vecina cuenta que están muy conmocionados y que la familia intenta que esa estancia sea breve, porque el olor que dejó el fuego sigue impregnando la casa.

Lo que siguió no vino de ninguna institución. No hubo un programa municipal ni una organización benéfica. Llegaron personas de la cuadra, algunas de las cuales nunca habían cruzado una palabra con Cecilia y Lucio. Se pusieron a retirar escombros y a planificar la reconstrucción.

Así lo explicó Juan, uno de los vecinos que se ofrecieron a trabajar. Tienen las manos, pero les faltan los materiales. Por eso reúnen placas de yeso, pintura y material eléctrico: cables, enchufes, interruptores. Son las cosas pequeñas y concretas de las que está hecha una casa.

La colecta la coordina una vecina llamada Roxana. Recibe tanto materiales como aportes en dinero, y su teléfono se publicó para que quien quiera ayudar pueda acordar la donación directamente con ella. Esa precaución se volvió necesaria cuando empezó a circular por el barrio un alias bancario que los organizadores no habían autorizado. Desde entonces piden a todos que confirmen los datos con ellos antes de enviar dinero.

Cecilia y Lucio tardaron años en reunir lo que perdieron en una sola tarde. Ahora son sus vecinos, conocidos o desconocidos, quienes se proponen devolverles, placa por placa, un lugar al que volver.

«Estamos dispuestos a reconstruir la casa, pero hoy estamos parados porque necesitamos los materiales».