Viene de Telagapakis, una aldea del distrito de Petungkriyono, la zona más alta y remota de la regencia de Pekalongan, entre 900 y 1.600 metros de altitud, donde sobrevive uno de los últimos bosques primarios de Java. Estudia en el SMA Negeri 1 Petungkriyono. Aprendió el oficio con su maestro Aditya Sabda Anggita en el estudio de artes Madukara, y desde entonces ha actuado en su aldea, en las localidades vecinas y en el Pendopo de la regencia de Pekalongan. En un concurso de jóvenes dalang quedó segundo.

La burla la conoce de memoria: "Masih muda kok sudah main wayang kayak orang tua aja" —eres joven y ya haces títeres como un anciano. Dice que no responde. Se queda tranquilo y sigue entrenando.

El personaje que más le gusta explicar es Gatotkaca, hijo de Bima y de la princesa ogresa Arimbi, arrojado siendo bebé al cráter Kawah Candradimuka y devuelto con tendones de alambre y huesos de hierro. "Lo que antes era un bebé pequeño de pronto se convierte en algo grande", dice Faisyal. Es una de las piezas de prueba habituales para los dalang jóvenes: las escenas de vuelo exigen levantar la figura de la base de tronco de plátano y dominar el sabetan, la técnica de movimiento que los jurados miran con más atención.

Faisyal quiere estudiar en el Institut Seni Indonesia de Surakarta, en el barrio de Kentingan, cuyo programa de Pedalangan es uno de los pocos estudios universitarios de titiriteros que existen en el país. Cuando explica por qué, no habla de carrera ni de escenarios. Habla de Sunan Kalijaga, que hace siglos usó estas mismas figuras de cuero para transmitir enseñanzas a quienes no leían.

Esa es su respuesta a los compañeros que se ríen: seguir moviendo las varillas hasta que la sombra en la tela cuente algo que valga la pena escuchar.