El equipo de Marija Jović y Gordan Janjić, del Instituto de Arqueología de Serbia y del Museo de Krajina, ha documentado un conjunto completo: tres piscinas, un sudatorium para sudar, un praefurnium u horno que todavía conserva la base de una caldera de cobre y un hipocausto cuyos pilares circulares llevaban el aire caliente bajo el suelo. En la otra parte de la torre trabajaban quienes mantenían aquel lujo: las zonas técnicas del personal que alimentaba el fuego y cuidaba las instalaciones.
Lo inusual no son las termas, que fueron comunes en el mundo romano, sino el lugar que ocupan. Los arqueólogos las describen como un caso excepcionalmente raro: un baño imperial encajado dentro de una torre defensiva y diseñado según su forma.
El palacio pertenece a un hombre cuyo poder duró poco. Daya fue nombrado césar en el año 305 y se proclamó augusto hacia el 310, en los años de la Tetrarquía, cuando cuatro gobernantes se repartían el Imperio. La construcción de Šarkamen comenzó por entonces. En el 313, su rival Licinio lo derrotó en la batalla de Tzirallum, en Tracia, y ese mismo año Daya murió en Tarso. Es difícil saber cuántas veces llegó a usar las termas que mandó construir.
El lugar tiene una historia familiar. A unos 250 metros al oeste del palacio se encuentra un mausoleo imperial, excavado entre 1994 y 1996. Los investigadores creen que se construyó para la madre de Daya, hermana del emperador Galerio. Allí aparecieron collares, pendientes, anillos y adornos para el cabello de oro, además de las hojas de una diadema con los rostros de los tetrarcas. La tumba se parece mucho a las que rodean Felix Romuliana, el palacio de Galerio en Gamzigrad, a poca distancia. Era como si el sobrino hubiera querido repetir el modelo de su tío.
Las ruinas llevan más de un siglo recibiendo visitas. El viajero austrohúngaro Felix Kanitz las describió en 1889 como una fortificación y contó ocho torres circulares. En 1947, el arquitecto Đurđe Bošković contó diez. Después llegaron los conservadores del Museo de Krajina, en 1975, y las excavaciones sistemáticas de Dragoslav Srejović, con Miodrag Tomović al frente del trabajo de campo, entre 1994 y 2003.
Ninguno de ellos llegó a ver lo que había debajo de la torre suroeste. Ahora se sabe que entre sus muros hubo agua caliente, vapor y luz entrando por la cúpula para un emperador que gobernó apenas tres años.