Lo que comenzó como un proyecto de grado en las aulas de la Universidad El Bosque se transformó en una respuesta técnica a una carencia geográfica y económica. Cuestas comprendió que, para las familias con recursos limitados en Colombia, el obstáculo no es solo la condición médica de sus hijos, sino la distancia física hacia los centros de rehabilitación urbana. Al diseñar un kit que aborda las tres necesidades básicas —alimentación, descanso y movimiento—, la diseñadora ha trasladado el consultorio al centro de la vida familiar.

La estructura física del equipo revela una previsión humana: está construida con espumas especializadas que resisten la humedad y el desgaste cotidiano, materiales elegidos para perdurar en hogares que carecen de infraestructura clínica. El diseño modular permite que el aparato crezca junto al niño, ajustándose a su fisionomía desde los dos hasta los doce años, evitando que la pobreza convierta la terapia en una herramienta obsoleta tras el primer estirón de la infancia.

La organización no solo entrega objetos, sino un nuevo oficio. Entre los 17 empleados de la iniciativa se encuentran madres cabeza de familia que han pasado de ser cuidadoras pasivas a convertirse en agentes de ventas y técnicas en rehabilitación. Este cambio de rol altera la dinámica de la enfermedad: la madre ya no espera una cita médica que quizás nunca llegue, sino que ejecuta la terapia mientras su hijo almuerza o descansa.

Para sostener esta red, Cuestas implementó un modelo de subsidio cruzado. Las unidades adquiridas por empresas o familias con mayor poder adquisitivo financian la distribución del equipo en las regiones más aisladas del país. De este modo, la precisión de la ingeniería industrial se pone al servicio de una equidad que no nace de la caridad, sino de una estructura de negocio diseñada para no dejar a nadie atrás.

El proyecto comenzó pensando que cambiaría la vida de una niña, pero enfrentarme a la escala de la necesidad terminó cambiando la mía.

Al final, la victoria de Cuestas no reside en la patente otorgada por la Superintendencia de Industria y Comercio, sino en la autonomía recuperada por miles de padres. El kit es un puente entre la técnica y el afecto, permitiendo que el tratamiento de una condición compleja se disuelva en la normalidad de un abrazo o de una cena compartida en el hogar.