Hoa lleva casi cuarenta años en la enseñanza. Formó a cadetes en una institución donde la competencia lingüística forma parte de los requisitos de graduación, en un campus de Hanói con aulas dedicadas a la policía de tráfico, a la ciencia forense, a la investigación de narcóticos. Cuando llegó la jubilación, no cerró el aula: la trasladó a las afueras.
Diseña cada sesión él mismo. Su método apunta a lo que llama el reflejo de la comunicación: que el alumno hable, no que recite. Por eso el programa cambia según quién entra por la puerta —pronunciación, conversación cotidiana, preparación de exámenes— y por eso las dos cosas conviven en la misma sala sin que ninguna estorbe a la otra.
No cobra. Lleva siete años sin cobrar, encajando las clases en las horas libres de su retiro. En septiembre de 2026, el diario Bao Nghe An lo incluyó en su sección Viec Tu Te —Buenas Obras— dedicada a los maestros silenciosos de Hanói, y lo describió con una fórmula exacta: alguien que convirtió el tiempo sobrante de un profesor jubilado en lecciones de puerta abierta que no piden nada a quien entra.
El lugar donde enseña tiene un nombre que estuvo borrado del mapa durante 57 años. Bat Bat fue un distrito propio hasta 1968, cuando se fundió con Quang Oai y Tung Thien en el distrito de Ba Vi. La zona pasó de Hanói a la provincia de Ha Tay y de vuelta a Hanói, y solo el 1 de julio de 2025, al suprimirse el nivel de distrito en todo el país, la comuna recuperó su antiguo nombre.
Los alumnos que llegan cada semana no vienen por esa historia. Vienen porque alguien, sin cobrar nada, les ha dicho que todavía se puede empezar.