Él mismo explica el nombre: tepa putul significa literalmente modelar pellizcando o apretando con los dedos. Eso es lo que distingue a estos muñecos de los que se hacen en molde. Para que una figura se sostenga, dice, hacen falta presión, equilibrio, humedad, proporción y paciencia. Si falla una sola, la pieza se agrieta o se cae.

Firma también como Binod Bihari y se describe como un hijo de Bengala que siente atracción por la tierra y la terracota. Sus piezas van desde figuritas diminutas hasta muñecos de casi un metro de alto. Con las cabezas de algunos muñecos ha hecho también joyas.

Durante generaciones, estos muñecos fueron trabajo de mujeres en las casas de alfareros de Bangladés y Bengala Occidental. Los hacían con la misma arcilla de río de las ollas de uso diario: cuerpos sencillos, caras pellizcadas, a menudo una madre con un niño en brazos. Se vendían por unas pocas takas en ferias rurales como las del Año Nuevo bengalí, como juguetes y como objetos rituales. Hay estudiosos que los relacionan con antiguas figuras de diosas madre del delta de Bengala.

El año en que Sayif llegó al barro fue un año de interrupciones. En julio de 2024, con las protestas estudiantiles contra el sistema de cuotas, se aplazaron sus exámenes de bachillerato. En agosto se cancelaron los que faltaban. Sayif aprovechó ese tiempo en suspenso para viajar a Narsingdi y aprender en una Pal Para, uno de los barrios donde viven y trabajan las familias alfareras de la comunidad Pal. Muchas de esas familias han dejado el oficio desde que el aluminio, la melamina y el plástico baratos sustituyeron a las vasijas de barro.

En ese mismo distrito está Wari-Bateshwar, uno de los asentamientos urbanos más antiguos que se conocen en Bangladés. Allí han aparecido objetos de terracota de hace unos 2.450 años. Sayif aprendió un oficio muy antiguo en una tierra que lleva mucho tiempo trabajándolo.

Después pasó unos seis meses como artista residente en 55 Kodomtola, el proyecto del fotoperiodista Mahmud Rahman. Luego llegaron las exposiciones, y con lo que vendió en ellas pagó la matrícula de un semestre.

No todo fue fácil. Su familia se opuso a que modelara figuras humanas por motivos religiosos. Sayif dejó de trabajar durante varios meses. Después volvió al barro.

Ahora piensa en estudiar cerámica, quizá en Italia, o diseño de moda en Europa. Quiere llevar la cultura bengalí fuera del país, y la lleva en las manos.