Son hijas de un matrimonio de apellido Berthé, y era el cuarto embarazo de la madre. Nacieron por cesárea al final de un embarazo completo. Todavía no se han hecho públicos sus nombres.
Antes del parto, un ginecólogo obstetra de Sikasso, en el sur del país, ya había visto que las niñas estaban unidas. No tenía tomógrafo ni resonancia magnética, solo un ecógrafo. Su nombre no ha trascendido, pero el profesor Yakaria Coulibaly, jefe de cirugía pediátrica del hospital y responsable de la operación, se acordó de él: «Sin escáner, sin resonancia, solo con ecografía: de verdad, es un arte».
El director del hospital, el profesor Thierno Madani Diop, formó el equipo con cirujanos, anestesistas, especialistas en cuidados intensivos, cardiólogos, radiólogos, farmacéuticos y personal de quirófano. Además de la vejiga y el colon, las niñas compartían la pared abdominal y tenían una fístula, una conexión anormal entre órganos que complicó la intervención. Según los medios malienses, todo el equipo era del país.
Coulibaly no se atribuyó el mérito. Dijo que la parte más difícil le tocó a otros: «Los anestesistas hicieron el trabajo pesado».
La separación no pudo darles lo mismo a las dos. Cada niña tiene ahora su propia vejiga y sus vías urinarias, pero solo una se quedó con el colon. La otra necesitará atención médica toda la vida. Los médicos calculan que las dos pasarán cerca de un mes en el hospital.
La ministra de Salud, Assa Badiallo Touré, fue a ver a las recién nacidas con los ministros de Asuntos Religiosos y de Promoción de la Mujer, la Infancia y la Familia. Llamó a la operación «verdaderamente una hazaña».
Coulibaly aprovechó la atención para pedir otra cosa. Quiere que los hospitales de Mali tengan mejor material quirúrgico, para que los casos complicados se puedan operar en el país y no haya que enviarlos al extranjero. Esta vez no hizo falta: las dos hermanas nacieron, fueron diagnosticadas y operadas en Mali.