El proyecto, coordinado por la Red Intergubernamental Iberoamericana de Necesidades Educativas Especiales (RIINEE), ha seleccionado una escuela en Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Chile y Perú. Durante seis meses, estos centros recibirán una guía directa para implementar el Diseño Universal para el Aprendizaje. No se trata de un cambio abstracto, sino de la incorporación de lectores de pantalla, tableros de comunicación y programas de texto a voz que permiten que la palabra circule sin obstáculos.

Eugenio Severín, desde la organización Tu Clase, comprende que la tecnología es estéril si el maestro no sabe cómo habitarla. Por ello, la mentoría se enfoca en el docente, en ese profesional que debe decidir cada mañana cómo derribar los muros invisibles que apartan a los alumnos con discapacidad del resto de la clase. El objetivo es claro: reducir las distancias que las aulas convencionales han mantenido durante décadas.

Esta iniciativa no surge en el vacío, sino que recoge un esfuerzo que comenzó en Cartagena de Indias hace más de veinte años. La red actual involucra a ministerios de educación de dieciocho países iberoamericanos y España, sumando la experiencia técnica de la UNESCO y el apoyo de la AECID. Es un tejido de instituciones que busca corregir una cifra dolorosa: la exclusión sistemática de una parte considerable de la infancia.

En las próximas semanas, la mirada se trasladará a Asunción, donde el Congreso sobre Educación Inclusiva reunirá a familias y especialistas. Allí se escuchará el eco de lo que hoy sucede en las aulas: el sonido leve de un teclado adaptado o el brillo de una tableta que, por primera vez, devuelve la voz a quien no podía usarla. En ese pequeño milagro técnico se cifra el éxito de una sociedad que decide no dejar a nadie atrás.