La escuela de donde vienen se levanta en una ladera bajo el monte Lalo, en la orilla norte del río Nalo. Su nombre atayal es Pqwasal Biru Naro. Fue fundada en 1933 y tiene unos cuarenta alumnos en total, contando todos los grados. Veinte de ellos viajaron a Taipéi. Es decir: casi media escuela subió al escenario.

El canto tradicional no es allí una actividad extraescolar, sino parte del currículo en lengua atayal, con clases semanales. La misma escuela mantiene también un conjunto de xilófonos de madera. En Nalo, donde viven unas setecientas ochenta personas repartidas en unos doscientos hogares a seiscientos cincuenta metros de altura, la lengua se sostiene en buena medida cantándola.

El repertorio de competencia del coro ha incluido una canción de montaña bunun, una versión del tema atayal Rimuy Su la y tavunga, una melodía popular inuit. En 2016 obtuvo una plata en el Festival Internacional de Coros de Hoi An, en Vietnam. En julio de 2024, veinticuatro alumnos de Jinping viajaron a Hong Kong con tres maestros y tres estudiantes de secundaria al Festival Mundial de Coros Juveniles, entre más de dos mil cuatrocientos participantes, y volvieron con dos galardones de grado oro.

El entrenamiento intensivo había empezado en agosto. Antes de salir al escenario, en el estudio de radio, los niños participaron en actividades bilingües que les aflojaron los nervios. Uno de quinto grado quiere ser profesor de matemáticas; ya viajó una vez a Malasia en una misión de servicio. Un compañero de sexto sueña con jugar baloncesto profesional y dice que le gusta aprender la cultura tradicional y conocer gente distinta.

El Desayuno Nacional de Oración se celebra en Taipéi desde 2001, organizado por líderes de varias denominaciones protestantes. La Iglesia Presbiteriana de Taiwán —la mayor entre las comunidades indígenas del país— se ha retirado del acto en años anteriores por su posición sobre el estatus de Taiwán. En esta edición, la vicepresidenta Hsiao habló de la presión sobre el sistema de libre comercio, del clima extremo y de la seguridad geopolítica.

Entre esos tres temas y el desayuno, cantaron los niños. La crónica dice que sus voces limpias atravesaron los corazones de quienes escuchaban. Al día siguiente volvieron a la ladera bajo el monte Lalo, donde la clase de canto se repite cada semana.