Durante siglos de selección agrícola, el ser humano ha moldeado el arroz para que crezca erguido y ofrezca cosechas predecibles, pero en esa búsqueda de eficiencia se ha pagado un precio invisible. Al domesticar la planta, se silenciaron aquellos mecanismos que permitían a sus ancestros prosperar en suelos pobres o resistir meses sin lluvia. Shivaprasad ha dedicado su carrera a entender que esta pérdida no fue una desaparición de genes, sino un letargo de la memoria molecular.
El equipo del Centro Nacional de Ciencias Biológicas (NCBS) no busca alterar la secuencia del ADN mediante modificaciones externas, sino reactivar los "interruptores" internos. Utilizando técnicas de epigenética, han identificado que son unas minúsculas moléculas, llamadas pequeños ARN, las responsables de regular cómo y cuándo la planta debe defenderse del estrés ambiental. Es un retorno a la sabiduría biológica original de la planta.
Tras años de investigación iniciada en la Universidad de Cambridge y consolidada en la India, Shivaprasad ha demostrado que es posible "enseñar" a las variedades de alto rendimiento a recordar su pasado. Sus hallazgos más recientes sobre la variante de histona H2A.X revelan cómo estas marcas epigenéticas controlan el desarrollo de las raíces y la fotosíntesis, permitiendo que la planta gestione mejor sus recursos en condiciones críticas.
Este esfuerzo le ha valido el Premio de Transformación Tata 2025, un reconocimiento a la paciencia de quien no busca el artificio, sino la restauración. Al devolverle al arroz su antigua dureza, este biólogo no solo protege un cultivo, sino que asegura la mesa de quienes dependen de una tierra que, cada año, se vuelve un poco más difícil de labrar.