Odro enseña Estudios de Salud Mental en la Universidad de Middlesex, en el norte de Londres, y podría haber dejado la conversación donde estaba. En vez de eso buscó a su vecino, Nesad Causevic, especialista en ingeniería de sillas de ruedas, y a Alhaji Meffle, antiguo responsable regional de la NITA en la Región Central de Ghana, que preside la iniciativa desde el primer día.
El método resultó ser casi doméstico: recoger en el Reino Unido las sillas que sus usuarios ya no necesitaban y enviarlas a Ghana. El primer cargamento fueron 13 sillas y 100 ruedas de repuesto. Las ruedas no eran un detalle menor. Sobre caminos sin asfaltar, los neumáticos y las cámaras se gastan deprisa, y una silla sin repuestos deja de ser una silla.
El reparto de 2026 mantiene esa lógica de lo concreto: 13 sillas, 2 andadores, 4 muletas, un par de férulas, 30 neumáticos de repuesto, 20 conteras de goma para bastones. Y después, algo distinto: 20 colchones y 20 chopboxes.
El chopbox es un baúl con cerradura donde los internos guardan la comida seca en el dormitorio; el nombre viene del uso africano occidental de chop para hablar de alimento. Cape Coast es, ante todo, un pueblo de internados. Desde que Ghana suprimió las tasas de secundaria en 2017, el Estado cubre la matrícula y el internado, pero la lista de enseres personales —colchón, cubo, mantas, baúl— sigue corriendo por cuenta de la familia. Es una de las razones habituales por las que un alumno retrasa o abandona su ingreso.
Por eso los colchones y los baúles van dirigidos a chicos y chicas con discapacidad que empiezan secundaria lejos de casa. No resuelven una estadística. Resuelven una lista.
Maame Samma Peprah, directora ejecutiva de la Oficina del Registro de Empresas, se ha sumado a su padre para sostener la iniciativa. Lo explicó sin adornos: «se trata de dignidad, independencia y de garantizar que las personas con discapacidad tengan la oportunidad de participar plenamente en la sociedad».