La confirmación llegó después de meses de espera, como suele ocurrir. Las camadas del sur de Europa nacen a finales de abril o principios de mayo, en una oquedad de roca o en una madriguera de tejón ensanchada. Los cachorros permanecen allí unas tres semanas, luego los adultos los trasladan de un punto de encuentro a otro durante el verano, y solo en otoño empiezan a moverse con la manada. Por eso las cámaras tardan tanto en verlos. Y por eso tres es una cifra mínima, no un total: las camadas habituales son de cuatro a seis.

Lampreave explicó a la agencia ACN lo que ese detalle significa en términos legales: el lobo, extinguido como especie reproductora en Cataluña, vuelve a serlo, y con ello queda amparado como especie protegida y en peligro por la normativa catalana.

El análisis genético señaló una procedencia inesperada para quien mire el mapa de España. Los lobos ibéricos viven en el noroeste —Castilla y León, Galicia, Asturias, Cantabria—, a cientos de kilómetros de Girona. Estos vienen del otro lado. Son Canis lupus italicus, el linaje que sobrevivió el siglo XX únicamente en los Apeninos, se reprodujo en el parque de Mercantour en 1992 y avanzó luego hacia el oeste por el Macizo Central hasta los contrafuertes pirenaicos. Cruzaron la frontera. El borde norte de la Alta Garrotxa queda a poco más de diez kilómetros de Francia.

El territorio que encontraron no es el que dejaron sus antecesores. Cuando el lobo desapareció de estas montañas, los bosques estaban vacíos de presas y las laderas repletas de bancales cultivados. Hoy esos bancales están abandonados, la caliza se cubre de encinar y hayedo, y por ellos circulan ciervos, corzos y muflones en abundancia. Los muflones, por cierto, tampoco son de aquí: descienden de animales corsos soltados para la caza a partir de los años cincuenta.

La mayor parte de la Alta Garrotxa es propiedad privada, no parque nacional. Se llega por pistas forestales y caminos de herradura, entre aldeas dispersas como Beget, Oix y Sadernes. En verano suben los rebaños de ovejas y cabras. La misma unidad de agentes que ahora vigila a los lobos lleva desde 1996 haciendo el seguimiento del oso pardo pirenaico, reconstruido con ejemplares capturados en Eslovenia, y Cataluña ya cuenta con un sistema de compensación y prevención —pastores eléctricos, perros de guarda— nacido de esa convivencia.