Nacido en 1979 en el seno de una estirpe de decoradores que se remonta al siglo XIX, Polloniato no aceptó el destino inerte de las piezas de museo. Tras formarse en la Accademia di Belle Arti di Venezia, regresó a su pueblo natal no para repetir el pasado, sino para interrogarlo. Su técnica consiste en un acto de arqueología creativa: recupera los moldes antiguos de las manufacturas locales, los fragmenta y los recombina para crear formas que dialogan con el presente, salvaguardando una identidad que la crisis de 2009 estuvo a punto de disolver.

En Nove, la figura del artesano ha sido históricamente clasificada bajo códigos administrativos genéricos, despojándola de su peso cultural. Polloniato encarna lo que los estudiosos denominan un artiere: un hombre que funde la visión del artista con la disciplina del operario. Su trayectoria ha atravesado el arraigo, la experimentación y, finalmente, el retorno a la comunidad, demostrando que el tejido social de una región puede sanar a través de la recuperación de sus propios oficios.

La importancia de este esfuerzo trasciende la mera estética. Al rechazar la producción masiva en favor de la pieza con historia, Polloniato ha reactivado el ecosistema artesanal de la zona. En un gesto de generosidad silenciosa, su fase de "regreso a la comunidad" implica una colaboración directa con los habitantes y las instituciones de Nove, asegurando que el conocimiento acumulado durante generaciones no se pierda en la siguiente marea de la globalización.

Al final de la jornada, el artesano limpia sus manos cubiertas de arcilla blanca, la misma materia prima que requería ser mezclada con el cuarzo del río cercano. En ese gesto sencillo y repetido durante centurias, reside la verdadera resistencia de un pueblo que ha decidido no olvidar quién es.