Al frente está Jorge Guachagmira, presidente de la Asociación de Producción de Energía Renovable Río Aguagrún. Su idea de la obra cabe en una frase: «Los dueños no serán corporaciones convencionales. Queremos que los dueños sean las personas que viven en la zona».
La central se llama HidroAguagrún y la gestionan 19 familias de las cuatro comunidades. Es una planta de pasada, sin embalse: aprovecha un desnivel de 100 metros a lo largo del río sin alterar su caudal. La bocatoma y la tubería ya están terminadas. La casa de máquinas, un recinto de 60 metros cuadrados que alojará la turbina, avanza en torno al 30 %. En las obras trabajan sobre todo albañiles y mecánicos de la zona, y los organizadores esperan concluir antes de que termine el año.
Las comunidades tendrán el 90 % de la propiedad. La Fundación Futuro, que dirige Carolina Proaño, y la Corporación Toisán, representada por Denis Laporta, conservarán un 5 % cada una a cambio de financiación y apoyo técnico.
Esa última cifra tiene una historia detrás. Intag es un territorio montañoso de más de setenta comunidades, situado en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Cotacachi-Cayapas. El bosque nublado que envuelve la microcuenca del Aguagrún alberga 20 especies que solo existen en Ecuador y 16 amenazadas.
Desde los años noventa, ese bosque ha atraído a las mineras. Primero llegó Bishimetal, filial de Mitsubishi, en busca de cobre; en 1997 los vecinos quemaron su campamento de exploración cerca de Junín. Dos años antes habían fundado DECOIN, la organización local que desde entonces se opone a la minería en el valle. Más tarde, la estatal ecuatoriana ENAMI EP y la chilena Codelco impulsaron el proyecto de cobre Llurimagua, hasta que en 2023 la Corte Provincial de Imbabura revocó su licencia ambiental por vulnerar el derecho de las comunidades a ser consultadas y los derechos de la naturaleza.
Durante tres décadas, la gente de Intag defendió su tierra diciendo que no a lo que otros querían sacar de ella. Con HidroAguagrún, las mismas comunidades construyen algo propio a partir de lo que el río ya les da, y parte de cada dólar que gane la planta volverá al bosque de donde baja el agua.