La vesícula salió limpia, con pérdida mínima de sangre. Después, los cirujanos de Cotabato —Al-Jazzer M. Angas y Louis Gerard Agustin— hicieron el camino inverso: operaron a distancia a un paciente ingresado en el Hospital General Memorial José B. Lingad. Dos hospitales públicos, dos direcciones, el mismo sistema SSI Mantra.
Ambos son hospitales retenidos por el Departamento de Salud. El de Cotabato atiende a la Región Autónoma Bangsamoro en Mindanao Musulmana, una zona donde la cirugía especializada suele significar un viaje largo, caro y a veces imposible. Las dos operaciones se cubrieron bajo la política de facturación de saldo cero: ningún paciente pagó nada.
Desde Nueva Delhi viajó Sudhir Srivastava para ver las intervenciones con sus propios ojos. Fundó SS Innovations después de años como cirujano cardiotorácico en Texas, Chicago y Atlanta, donde acumuló más de 1.400 operaciones cardíacas robóticas y realizó los primeros baipases coronarios endoscópicos a corazón latiente del mundo. El regulador indio autorizó su sistema para telecirugía en julio de 2024; antes de Filipinas, la compañía había hecho telecirugías cardíacas dentro de India sobre fibra óptica dedicada.
La cirugía robótica llegó al país por la vía privada: el St. Luke's Medical Center instaló el primer da Vinci en 2010 y superó las dos mil intervenciones antes de sumar otro equipo en 2024. Lingad, hospital público, hizo su primera cirugía robótica apenas un año atrás, en septiembre de 2025 —también una vesícula, también con Quiambao en la consola—. En pocos días completó tres procedimientos.
Hay una simetría discreta en todo esto. La primera telecirugía transatlántica, en 2001, fue igualmente una extirpación de vesícula: Jacques Marescaux operó desde Nueva York a una mujer de 68 años en Estrasburgo, con unos 150 milisegundos de retraso en la señal. Veinticinco años después, la misma operación mide otra distancia: la que separa a un paciente de Cotabato del especialista que, hasta ahora, estaba fuera de su alcance.