Alejandro Olaya dirige la fundación; Rafael Antelo, la parte científica. Desde 2015 han criado en Wisirare más de cuatrocientos crocodilos del Orinoco y devuelto 287 a los ríos de la Orinoquía. Aquel primer año, bajo el impulso del fundador Jorge Londoño, se hizo la primera liberación de la especie en Colombia.
Luego, en 2024, todo se detuvo. Una disputa entre instituciones sobre qué sitios podían designarse para la reintroducción congeló el programa. Mientras se discutía, cerca de doscientos animales permanecieron en las instalaciones sin alimento suficiente, según reportes anteriores. Los crocodilos no entienden de trámites: siguieron creciendo y siguieron comiendo, o no comiendo.
El ministro de Ambiente, Fabio Arjona Hincapié, acompañó la liberación junto a representantes del Instituto Humboldt, la Universidad Nacional, WWF, la Wildlife Conservation Society y The Nature Conservancy. El hecho, dijo, "no es un dato circunstancial, sino el resultado de muchos años de trabajo de la Fundación Palmarito".
La especie no existe en ningún otro lugar del planeta: solo en la cuenca del Orinoco, repartida entre los dos países. El comercio de pieles la vació entre los años treinta y sesenta, cuando los cazadores trabajaban de noche sobre los playones descubiertos. Colombia prohibió su caza en 1968, Venezuela en 1972, y en 1996 la UICN la clasificó en peligro crítico. Sigue ahí.
La biología marca el calendario. Las hembras excavan sus nidos en arena desnuda durante la sequía de enero y febrero, y las crías salen tres meses después, cuando las lluvias levantan el nivel del agua. Los programas de cría mantienen a los juveniles en corrales hasta que superan el metro —doce a veinticuatro meses—, la talla a partir de la cual ya no los devoran las garzas, las babillas ni los cerdos asilvestrados.
Lo que viene después no depende de los corrales. Los diecisiete tendrán que sobrevivir a las redes de pesca y a los pescadores que los ven como competencia, las dos amenazas que el monitoreo posterior registra con más frecuencia a ambos lados de la frontera. Y luego, si todo va bien, reproducirse solos en los ríos del llano.