La concejala de Patrimonio, Ana Pellicer, presentó la donación como «un conjunto de piezas etnológicas, paleontológicas y fotográficas de gran interés, vinculadas a la historia, las tradiciones y la memoria colectiva de Benidorm y la Marina Baixa». No es la primera vez que la familia Climent entrega material al archivo: esta donación continúa otras anteriores.

Además de las herramientas de carpintería artesanal y del oficio de calafate, el lote incluye una docena de cañas de pescar artesanales, un bombo del Grupo Iris y fósiles hallados en el propio término municipal, en un terreno que hoy protege el Parque Natural de la Serra Gelada.

El archivo ocupa la planta baja del ayuntamiento, en la plaza SS. MM. los Reyes de España, y abre de lunes a viernes por la mañana. Su fondo municipal arranca en 1482; los libros de actas del Pleno y de la Comisión Permanente entre 1849 y 1973 están digitalizados.

Entre esas dos cifras cabe todo lo que estas piezas documentan. Cerrada la almadraba, el alcalde Pedro Zaragoza Orts sacó adelante en 1956 el Plan General de Ordenación Urbana que recalificó el frente marítimo para el turismo. Los oficios del mar no desaparecieron de golpe: se fueron quedando sin trabajo, sin aprendices y, al final, sin memoria.

Benidorm ya conoce este mecanismo. Buena parte de su colección arqueológica la reunió Lluís Duart i Alabarta, párroco de Sant Jaume i Santa Anna desde octubre de 1950 hasta su muerte en 1983, que excavó el yacimiento del Tossal por su cuenta. La sala permanente de arqueología del Museu Boca del Calvari lleva su nombre.

Las fotografías de Climent retratan los mismos años en que el pueblo empezó a dejar de ser pueblo. Y las herramientas, que ya no sirven para calafatear nada, sirven ahora para lo único que les quedaba: explicar cómo se hacía.