La investigación comenzó con una sospecha compartida. Junto a su colega Elkin A. Noguera-Urbano, Ramírez-Chaves notó sutiles discrepancias en la morfología de las poblaciones que habitan el norte de Colombia. Para confirmar que se encontraban ante una presencia inédita, los investigadores emprendieron un viaje por la memoria física de la zoología, revisando especímenes en los cajones de madera del Museo Americano de Historia Natural en Nueva York y las galerías del Museo de Historia Natural de Londres.
El resultado es la descripción del Coendou vossi, un roedor de hábitos nocturnos y vida solitaria entre las copas de los árboles. Es el primer puercoespín descrito con un ejemplar tipo colombiano desde 1899, un silencio de más de un siglo que habla tanto de la esquivez del animal como de la paciencia necesaria para redescubrir lo que siempre ha estado allí.
Bautizado en honor al zoólogo Robert S. Voss por sus décadas de estudio de los mamíferos neotropicales, este animal posee una cola prensil cuya punta carece de espinas para permitir un agarre firme y sensible a las ramas. Esta delicadeza anatómica es su herramienta de supervivencia en un ecosistema fragmentado, donde los árboles son islas de refugio frente al avance de la agricultura.
En el silencio de los bosques del Magdalena y el Caribe, el Coendou vossi sigue alimentándose de brotes y frutos, ajeno al hecho de que su existencia ha sido finalmente anotada en los libros de la humanidad por dos hombres que supieron mirar donde otros solo veían lo conocido.