Este equipo de campo, integrado íntegramente por residentes de la reserva, personifica una transformación silenciosa en la gestión del paisaje amazónico. El proyecto REFLORA, impulsado por el IPÊ (Instituto de Pesquisas Ecológicas), no envía técnicos externos a ejecutar la tarea; son los propios vecinos de comunidades como Nova Canaã, Jaraqui y São Sebastião quienes recolectan las semillas en el bosque, preparan los sustratos y cuidan los viveros que ellos mismos construyeron.
La logística de esta restauración exige una paciencia casi artesanal. Antes de llegar al suelo de la reserva, miles de brotes deben recorrer un trayecto de ochenta y cinco kilómetros en camión y otras siete horas de navegación remontando el río. En un territorio donde la mitad de la población sobrevive con menos de un salario mínimo, el acto de plantar cacau, açaí y andiroba trasciende la ecología: es una decisión de permanencia y autonomía alimentaria.
El nombre de la reserva, Puranga Conquista, significa en lengua nheengatu «Hermosa Conquista». Es un eco del esfuerzo legal que los habitantes realizaron años atrás para asegurar su derecho a la tierra. Hoy, esa conquista se defiende con el gesto sencillo de recoger las semillas de andiroba que flotan en la superficie del agua negra, aprovechando la deriva natural del río para multiplicar la vida en las zonas que el hombre había agotado.
Al elegir la estación de lluvias para la siembra, estos hombres y mujeres se aseguran de que la humedad del suelo favorezca el arraigo de las raíces. No hay urgencia artificial, sino el respeto escrupuloso por el tiempo de la selva. El objetivo final de recuperar doscientas hectáreas de suelo degradado se alcanza así, centímetro a centímetro, a través de la voluntad de quienes han decidido que su hogar no solo debe ser conservado, sino también sanado.