Los Guardianes del Gato Andino del Cajón del Maipo son escaladores y vecinos, no un instituto. Su trabajo consiste en esperar. Las tasas de detección de la especie son tan bajas que los estudios publicados necesitan miles de noches-cámara para obtener un solo registro confirmado, y por eso una red pequeña, revisada una y otra vez por la misma gente, recoge lo que los grandes muestreos de una sola temporada dejan pasar.
Lo que las tarjetas han mostrado contradice una idea cómoda: que el gato andino es un animal de cumbres. Los valles bajos, como Las Arenas, también le importan. Funcionan como corredores biológicos que impiden el aislamiento genético y sostienen la vegetación de humedal donde vive la vizcacha, su presa principal. En Bolivia y Argentina, los estudios de dieta atribuyen a ese roedor más del noventa por ciento de la biomasa consumida.
La historia del animal en Chile es casi toda ausencia. Un naturalista lo documentó en 1891; la confirmación fotográfica llegó recién en 2014, en Valle Nevado, tras 123 años de silencio. En 2022, unos escaladores encontraron una pareja adulta con dos crías en Plutón La Gloria. Quienes han tenido suerte los describen al atardecer, con esa cola larga y espesa que el animal lleva baja, como contrapeso sobre la roca.
Alrededor del trabajo de campo se ha ido armando una red. El veterinario Rodrigo Villalobos, director de la ONG Buscando los Gatos Andinos Silvestres, entrena a los voluntarios; Nicolás Lagos coordina en Chile la Alianza Gato Andino, formada a fines de los noventa por investigadores de los cuatro países donde vive la especie. La campaña ciudadana Queremos Tupungato, que encabeza Pilar Delpiano, cumple siete años.
Los datos de las cámaras respaldan la creación del área protegida de 43.260 hectáreas en el valle Olivares-Colorado. El decreto fue retirado de la Contraloría en marzo de este año y volvió a ingresarse en mayo. En esas mismas cuencas trabajan la operación Los Bronces, de Anglo American, y la división Andina de Codelco, sobre un terreno de glaciares de roca y permafrost cuyas aguas alimentan el sistema del río Maipo, del que bebe casi toda Santiago.
García y los suyos no deciden nada de eso. Solo vuelven a la roca, abren la caja y cambian la tarjeta.