La película se titula The Stolen Laevans of Tuvalu: The Peruvian Slavery Nightmare y se presentó durante el festival de artes Fakaapo Tuvalu. Nació en un lugar poco previsible: el curso de documental de la Escuela de Periodismo y Estudios de Medios de la Universidad de Fiyi, en Saweni, Lautoka, a unos mil kilómetros de distancia. El Kaupule, el brazo ejecutivo electo del gobierno local de Nukulaelae, participó como coproductor.

Lo que reconstruye es un episodio del comercio de trabajadores peruano, que operó entre 1862 y 1863 con licencia de un decreto de Lima. Los relatos de la época describen la incursión en Nukulaelae como un engaño más que como una toma por la fuerza: las tripulaciones —entre ellas la del buque peruano Rosa y Carmen— desembarcaron presentándose vinculadas a la actividad misionera e invitaron a los isleños a subir a bordo, donde quedaron encerrados bajo cubierta. La ironía es amarga: la primera congregación cristiana de Tuvalu se había fundado precisamente allí dos años antes, cuando la canoa del cookiano Elekana derivó hasta la isla.

Casi ninguno regresó. Los llevaron a las islas Chincha a extraer guano —excrementos de aves marinas acumulados durante siglos, en depósitos de decenas de metros de espesor, cuyo polvo destrozaba los pulmones— y a las plantaciones de algodón y azúcar de la costa. Perú ordenó la repatriación ese mismo año, tras la presión diplomática y los informes de mortalidad, pero la viruela y la disentería mataron a buena parte de los deportados durante el viaje de vuelta, y algunos barcos llevaron la enfermedad a las islas donde desembarcaron a los supervivientes.

El documental no se detiene en 1863. Sigue a las generaciones que quedaron, que volvieron a poblar la isla y sostuvieron una comunidad en un atolón cuyo punto más alto no alcanza los cinco metros, y enlaza esa continuidad con lo que amenaza hoy a Tuvalu: el cambio climático y la subida del mar.

La vicerrectora de la universidad, la profesora Shaista Shameem, señaló que la película se hizo pensando en un público internacional; está prevista una carrera por festivales tras el estreno en Fiyi en septiembre. El primer ministro de Tuvalu, Feleti Teo, la describió como «un recordatorio poderoso de las injusticias e inequidades a las que fue sometido nuestro pueblo».

La universidad sitúa el proyecto en el terreno de la justicia restaurativa: conservar un capítulo de la historia tuvaluana y del Pacífico que apenas figura fuera de la región, y ponerlo donde pueda verse.