La hembra Nima llegó desde el zoológico de Madrid con una timidez que la veterinaria Eva Martínez identificó de inmediato como su mayor virtud: su escaso interés por el contacto humano la convertía en la candidata perfecta para la libertad. Junto a Coco, un macho proveniente de Dinamarca, recorrió un camino de dos años de aclimatación en los que aprendieron de nuevo el oficio de cazadores. En el encierro de pre-suelta del Gran Parque Iberá nacieron sus crías, Pirú y Kyra, los primeros ejemplares en décadas que conocieron el sabor del pez vivo antes que el cautiverio.

Para lograr este reencuentro, fue necesario un esfuerzo diplomático y científico que involucró a instituciones de España, Dinamarca y Brasil, bajo la coordinación de Rewilding Argentina. El proyecto, que comenzó a gestarse en 2017, busca restaurar al depredador tope de los humedales, un animal que puede alcanzar los 1,8 metros de longitud y cuya presencia regula la vida bajo la superficie de los esteros.

El rastro de la nutria gigante es hoy una realidad comprobable mediante el análisis de ADN ambiental en el agua y el seguimiento de los arneses diseñados a medida para no entorpecer sus movimientos. Cada individuo posee en su garganta una mancha de color crema, única como una huella dactilar, que permite a los guardaparques identificarlos cuando asoman la cabeza para vigilar su entorno con sus característicos bufidos de alarma.

A medida que marzo de 2026 avanza, los informes confirman que la familia no solo ha establecido su territorio en los dominios de la Laguna Paraná, sino que ha comenzado a reproducirse en libertad. En los sedimentos de las orillas, donde antes solo había silencio y ausencia, las huellas de los cachorros marcan el inicio de una nueva cartografía para el Iberá, devolviendo al paisaje la pieza que le fue arrebatada por el comercio de pieles del siglo pasado.