El Cebuella pygmaea mide entre doce y quince centímetros de cuerpo y vive en lo alto del dosel. Se comunica en frecuencias agudas, casi ultrasónicas, que el aire húmedo de la Amazonía apaga en pocos metros. Verlo es difícil; oírlo, con oído humano, prácticamente imposible. Un grupo entero —dos a nueve animales, casi siempre una pareja reproductora con sus crías sucesivas— ocupa un territorio de una décima de hectárea. Su hábitat no es un bloque de selva sino una cinta estrecha a lo largo del agua.

Durán, fundador del grupo de tecnología para la conservación Neblina Labs, defiende el método por una razón práctica: es lo que ofrece "el mejor rendimiento por dólar en cuanto a cuántas especies puedes escuchar al menor costo". Las grabadoras pasivas no necesitan a nadie despierto de madrugada ni un equipo de biólogos externos. Eso importa cuando el monitoreo debe sostenerlo la comunidad, año tras año, sin financiamiento externo.

La primera tanda de audio no contuvo ninguna llamada confirmada del leoncillo. Contuvo, en cambio, un catálogo amplio de sonidos del bosque, y con ese material el equipo entrena ahora los modelos de detección que servirán en las próximas campañas. El silencio en la cinta no cierra la pregunta: la reformula.

Los siekopai son unos ochocientos en Ecuador y hablan paicoca. Las familias del Aguarico descienden de quienes fueron expulsados de Pë'këya, los humedales de Lagartococha, durante la guerra fronteriza de 1941. En noviembre de 2023 la corte provincial de Sucumbíos ordenó al Ministerio del Ambiente titular a su favor 42.360 hectáreas dentro de la Reserva Cuyabeno —el primer título entregado en un área protegida ecuatoriana— junto con una disculpa pública. En julio de 2025 el título seguía sin entregarse.

Mientras tanto, la comunidad no espera. Junto a los micrófonos operan cámaras trampa y patrullajes territoriales contra la cacería y la tala ilegales. La desaparición del leoncillo es una señal de degradación del bosque, y quienes viven en él prefieren detectarla ellos mismos. Por eso el proyecto entrena directamente a los siekopai en el uso de la tecnología acústica: cuando Durán se vaya, las grabadoras se quedan, y con ellas quienes saben dónde colgarlas.