La cirugía tradicional para este caso exige una incisión amplia. Hay una razón técnica, y es antigua: el líquido del quiste contiene protoescólices, cientos de miles en un solo quiste, un sedimento que los cirujanos llaman arena hidatídica. Basta que unas gotas se derramen en la cavidad abdominal para que germinen quistes nuevos. El derrame también puede provocar una reacción anafiláctica. Por eso el procedimiento clásico rodea el campo operatorio con compresas empapadas en solución salina hipertónica, aspira el quiste antes de abrirlo y acompaña la intervención con albendazol antes y después.

Garantizar todo eso a través de puertos laparoscópicos, con instrumentos que entran por orificios de milímetros, es considerablemente más difícil. Esa es la razón por la que la vía laparoscópica tardó en imponerse en esta enfermedad concreta: las primeras series publicadas no aparecieron hasta mediados de los años noventa, mucho después de que la laparoscopia se hubiera vuelto rutina en otras operaciones abdominales.

El equipo de Irbid lo hizo. Junto a Al-Khaldi, consultor de cirugía general, operaron los doctores Durgham Hamadneh, Muhammad Mubarak y Muhammad Musaaadah; la anestesia estuvo a cargo del doctor Muhammad Al-Rawashdeh y del residente Osama Bashtawi. El director del hospital, Walid Al-Halabi, resumió después el resultado en términos que interesan sobre todo a la paciente: menos dolor, recuperación más rápida.

El origen de la enfermedad se malinterpreta con frecuencia. El huésped definitivo de Echinococcus granulosus no es la oveja sino el perro: elimina los huevos en sus heces después de comer vísceras infectadas, y las personas los ingieren con las manos, el agua o los productos del campo. El ser humano es un huésped accidental, un callejón sin salida para el parásito. La Organización Mundial de la Salud la clasifica entre las enfermedades tropicales desatendidas.

Irbid es la segunda gobernación más poblada de Jordania, con más de dos millones de habitantes y una economía en la que el ganado menor ocupa buena parte de las tierras altas del norte. El Princesa Basma es un hospital del Ministerio de Salud y uno de los principales centros de referencia pública de la región. La operación, presentada por el hospital como prueba de que su plantilla puede resolver casos complejos con técnicas mínimamente invasivas, tiene un destinatario más concreto: una mujer que volvió antes a su casa.