Porirua se sumó así a Te Reo Towns, el tema comunitario de la Semana de la Lengua Maorí, que este año se celebra del 14 al 20 de septiembre bajo el lema Ake, Ake, Ake — A Forever Language. La iniciativa, impulsada a nivel nacional por Te Taura Whiri i te Reo Māori y Te Mātāwai, pide algo concreto: que el te reo se vea, se escuche y se use en los lugares por donde la gente pasa cada día. Bibliotecas, mercados, parques.
La alcaldesa Anita Baker participó durante la semana, igual que el asesor cultural y curador Te Rauparaha Horomona y las figuras comunitarias Jarom Hippolite y Taku Parai. El programa evitó la solemnidad: sesiones bilingües de Kindy Gym, una edición especial de Story World en la biblioteca del centro, waiata para bebés y sus cuidadores, una charla sobre la exposición de Pātaka, un taller de poi. El viernes, el Pacific Night Market se celebró con temática en te reo — una decisión que dice mucho de esta ciudad, donde el 26,5 por ciento de los habitantes son de pueblos del Pacífico, la proporción más alta de cualquier ciudad neozelandesa fuera de Auckland. Te Rōpū Kapa Haka, del Porirua College, cantó y bailó a lo largo de los días.
La fecha no es arbitraria. Toda semana de la lengua maorí contiene el 14 de septiembre porque ese día, en 1972, un grupo de jóvenes — Ngā Tamatoa, la Te Reo Māori Society de la Universidad Victoria de Wellington y Te Huinga Rangatahi — entregó en el Parlamento una petición firmada por unas treinta mil personas. Pedían que las escuelas con muchos alumnos maoríes enseñaran la lengua. Quince años más tarde, el te reo se convirtió en idioma oficial de Nueva Zelanda.
Las cifras del último censo sugieren por qué el asunto sigue abierto. El número total de hablantes crece, pero la proporción de maoríes que hablan su propia lengua apenas se ha movido en diez años: del 18,4 al 18,6 por ciento. La aritmética explica el énfasis en las plazas y los mercados más que en las aulas.
Pātaka, el complejo de arte, museo y biblioteca donde se izó la bandera, abrió en septiembre de 1998 junto al arena. La palabra designa un almacén elevado sobre postes tallados, construido para mantener los alimentos lejos del suelo y de las ratas. Un lugar donde se guarda lo que ha de durar.